viernes, 10 de octubre de 2014

Mi Bella Dama [Capítulo 36 — ANTEPENÚLTIMO]

Isabela toma a Luciano del brazo y sale corriendo con él de la empresa. Cuando están afuera, Luciano se detiene desconcertado.



Luciano (extrañado): ¡Espera! ¿Qué es lo que está pasando Isabela?

Isabela: ¡Confía en mí! ¡No hay tiempo!

En ese momento van viviendo unos guardias detrás de ellos.

Guardia: ¡Por ellos!

Isabela vuelve a tomar a Luciano y se empiezan a ir corriendo. Logran cruzar la calle rápido, y justo cuando los guardias van a pasar, vienen los autos, algo que benefician a Isabela y Luciano, quienes logran esconderse detrás de unos arbustos.

Luciano: ¿Qué sucedió? ¿Por qué tenemos que escapar así?

Isabela: El abuelo lo descubrió todo. Ahora en el periódico está circulando… (Luciano se sorprende)

EMPRESA SAN MIGUEL
CORREDORES

Don Humberto está alterado, caminando con prisa por los corredores de la empresa. Detrás de ellos van otros empresarios y más guardias.



Don Humberto: ¡Deben de buscarlos! E impedir que salgan más veces en el periódico, no lo toleraré. Por todos los medios, deben de impedirlo (se siguen yendo).

Por detrás de ellos, están también caminando Carlos con otros empresarios, aliados a él.



Carlos: Así que el viejo está furioso.

Empresario: Pero si él interviene, ¿cómo saldrán los reportajes?

Carlos: No importa. Estoy satisfecho porque logré lo que quería (ríe).

CASA SMITH
JARDÍN

El director Alfonso está en la casa de Flor y su madre Pepita. Ésta última está presente. Él busca a Isabela y Luciano allí, en compañía de otros mayordomos.



Alfonso: Revisen toda la casa. Esperamos que encuentren algo.

Pepita: ¿Pero podría explicarme algo? No tengo problema alguno con que revisen mi casa, pero sí tengo curiosidad.

Alfonso: Algo explotó por así llamarlo, entre la señorita Isabela y el mayordomo Castaño (llegan los mayordomos).

Mayordomo 1: No la vemos por ningún lado director Alfonso. La señorita no está aquí.

Alfonso: Está bien. Vamos (a Pepita). Disculpe las molestias (se retira).

CASA DE CARLOS
SALA

Adela, Cecilia y Felipe están sentados en los sofás. Las dos mujeres leen el periódico con burla.



Adela: ¡Esto es de maravilla! (ríe). Así que el mayordomo Castaño resultó ser un vulgar gigoló. E Isabela cayó redondita a él. ¡Es de no creer! (Vuelve a reír)

Cecilia (sonriente): ¡Tal parece hija!

Mateo: ¿De qué están hablando? ¿Qué es eso? ¿Por qué está involucrada mi primita Isabela?

Cecilia: Esto son cosas que no debe saber un niño. Es mejor que te retires, hijito mío (con ironía).

Mateo: Mmm, ¿qué haré con Isa?

CALLES DE LA CIUDAD

Isabela y Luciano están por las aceras de las calles de la ciudad, más alejados de la empresa San Miguel. Luciano lleva casi a rastras a Isabela, casi devolviéndose.



Luciano: ¡Ya te dije que es mejor solucionar esto de buena manera! ¡Vamos a explicarle todo al Presidente!

Isabela: (se suelta de él) ¡No! Mi abuelo es muy terco, ya sabes como es. ¿Crees que las cosas son así de fáciles? ¡Por supuesto que no!

Luciano: Aún así, podemos intentarlo (intenta llevársela pero Isabela se suelta).

Isabela: ¡Te dije que no! (solloza). ¿Por qué te pedí que huyéramos? Para que no me dejes sola, y tampoco quiero dejarte solo. Pero creo que eso es lo que quieres ¿no? ¿Alejarte de mí? ¡Responde!

BUFETE DE ABOGADO

Gonzalo está en una oficina de un edificio, su despacho como abogado. Él aún no está enterado de las noticias del periódico, pero de repente Flor llega con uno en la mano. Se acerca a él y se lo entrega.



Flor: Mira lo que está circulando por la ciudad. ¡Es mi Luciano con esa malvada de Isabela!

Gonzalo (sorprendido): No me había dado cuenta de esto (se para de la silla y toma su celular). Le marcaré al celular… (Segundos después cuelga) No contesta. Es mejor que vayamos directamente a ver a la mansión.

MÁS TARDE
MANSIÓN SAN MIGUEL
SALA

El director Alfonso está platicando con Lupe.



Alfonso: El día de hoy será muy agitado por lo todo lo que está pasando (se acerca un mayordomo a él).

Mayordomo: ¡Iremos a buscarla cerca de la empresa a ver si la encontramos!

Alfonso: Está bien (el mayordomo se va y viene otro).

Mayordomo: Señor Alfonso, don Humberto me indicó que debo cancelar toda su agenda de la tarde.

Alfonso: Entonces hazlo. También llama al departamento de Eventos para cancelar la cena que se iba a hacer esta noche.

Lupe: Yo iré a ayudar a algo, a ver qué puedo hacer (se retira con el mayordomo).

En ese momento llegan Gonzalo y Flor, se acercan al director Alfonso.



Gonzalo: Buenas tardes. Queremos saber si han sabido algo de Isabela.

Alfonso: Aún no, abogado Martínez.

Gonzalo: De esto podemos deducir que Isabela escapó con el mayordomo Castaño.

Alfonso: Exactamente… Permiso (se va).

Flor: No puede ser… ¿Dónde estarán?

CARRETERA DE LA CIUDAD

Un bus está siendo conducido por una carretera de la ciudad. Isabela y Luciano están dentro de él, llevan varias horas. Se están dirigiendo para una playa, que está fuera de Miami. Isabela está dormida en el hombro se Luciano, y le tiene cogido el brazo. Luciano por la ventana del bus, logra ver que ya están llegando.



Luciano: (despertando a Isabela) Isabela, mira… (Ella despierta) ¡Es el mar! (Sonríe)

Isabela sonríe al instante y se emociona al ver el mar. Unos momentos después, Isabela está caminando por la arena de la playa, que está casi vacía. La muchacha salta de emoción pero se dirige a Luciano que está atrás de ella, al ver que él no parece muy alegre.

Isabela: ¡Oye! ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás así?

Luciano: No puedo sacarme de la cabeza los problemas que tenemos en Miami.

Isabela: ¡Olvídalos! Mientras estemos aquí, olvidemos todo. Solo pensemos en cosas felices. ¿Sí? (le mueve la boca para que se le forme una sonrisa a Luciano).

Isabela toma de la mano a Luciano y se lo lleva corriendo, se van corriendo hasta las orillas del mar, mojándose los pies. Los dos saltan mientras ríen, muy divertidos. Más tarde, están en una casa de la playa, que tiene varios cuartos que se alquilan.

Isabela: ¡Por supuesto que no! No vamos a pagar más de 40 dólares solo por quedarnos uno o dos días aquí.

Luciano: (a la señora de la renta) Podemos pagarle como máximo 35 dólares. ¿Está bien?

Señora: ¡Cielos! Eso es muy poco. ¿Saben lo amplia que es la habitación?

Isabela: ¿En serio? Qué curioso, porque aquí no hay más de 3 habitaciones y el lugar es pequeño. ¿Habrá una más grande que otra? No señora, le daremos 30. Sino, nos vamos a otro lugar (se iba a ir con Luciano pero la señora los detiene).

Señora: ¡Está bien! Se los dejo a 30. Acompáñenme.

Isabela y Luciano siguen a la señora hasta que llegan a un cuarto, no muy grande.

Señora: Éste es. Espero que estén cómodos. Permiso.

Isabela: Limpia el lugar, estoy segura que debe estar sucio. Yo, iré allí un momento.

Isabela sonríe y se retira un poco lejos de allí, hasta llegar a la arena de la playa. Saca su celular y empieza a escribir un mensaje para Lupe en la mansión San Miguel.

Isabela: (escribiendo) Estoy bien con el mayordomo Castaño. No se preocupen por mí.

MÁS TARDE
MANSIÓN SAN MIGUEL
COCINA

Mientras Lupe está en la cocina de la mansión, recibe un mensaje en su celular. El ama de llaves lo saca del bolsillo al darse cuenta y lo lee.



Lupe (sorprendida): ¡Es la señorita! (lee). ¿Qué debo hacer? Le avisaré el director Alfonso.

Minutos más tarde, el director Alfonso se dirige para el estudio de la mansión, donde está don Humberto sentado en la silla del escritorio, angustiado y viendo una foto de Isabela.



Alfonso: Señor Humberto, Lupe recibió información de la señorita Isabela. Dijo que está con el mayordomo Castaño y que no es necesario preocuparse por ella.

Don Humberto (indignado): Llama a más gente para que rastreen la llamada de Isabela. Deben encontrarla.

Alfonso: Pero Presidente…

Don Humberto: (le interrumpe serio) ¿No me escuchaste?

Alfonso: Tal vez suene un poco grosero de mi parte, pero habíamos tenido confianza en el mayordomo Castaño. Creo que podría estar bien con la señorita.

Don Humberto (molesto): ¡Pero tú…! (Se detiene) Puedes irte.

FUERA DE MIAMI
PLAYA


Isabela y Luciano están dibujando en la arena de la playa, agachados. Ambos sonríen mientras dibujan allí.



Isabela: Y mientras estamos aquí, me dio curiosidad saber… ¿Desde cuándo empezaste a fijarte en mí? (Ríe)

Luciano: ¿Por qué quieres saber? Bueno… Fue desde que te vi llorar por primera vez. Y es que una señorita como tú a quien no le falta nada, es difícil verla llorar y tan seguido. Fue hace mucho tiempo. Pero trataré de no permitir que vuelva a hacerlo (a Isabela se le escapan un par de lágrimas). ¡Mira! Estás conmovida (se burla charlando).

Isabela: No, no es así. Es solo que se me entró arena al ojo. Duele un poco (se limpia).

Luciano: ¡Déjame ver tu cara!

Luciano se acerca a Isabela y en un descuido de ella, la besa en la mejilla y sale corriendo. Isabela se toca suavemente y luego sonríe. Va tras Luciano, ambos jugando con diversión. Isabela logra atrapar a Luciano y ésta la abraza y la carga en la espalda, saliendo corriendo.

Mientras va pasando el atardecer, los dos siguen dibujando. Un momento después, se ve el panorama de lejos, mostrando en la arena un dibujo del rostro de Isabela y Luciano, con una letra que dice “Isabela y Luciano”. Las gaviotas que están encima del dibujo, se van yendo.

MIAMI, NOCHE
DISCOTECA

Flor y Gonzalo están en la esquina de una discoteca. La primera tiene un micrófono y canta alborotadamente. Gonzalo la mira riendo.



Flor: (cantando) ¡Luciano, aléjate de ella! ¡Luciano, ella es tan mala! ¡Luciano, Isabela San Miguel es malvada! (Canta con más lentitud y con más tranquilidad) No puedo recuperar mi sentido. Entre risas y más risas salen, me enamoro más de ti…Ahora solo río inútilmente. ¿Por qué estamos terminando? Desde el deseo del corazón, nuestros recuerdos están influyendo… (Continúa cantando con sentimiento).

Más tarde, Gonzalo y Flor están saliendo de la discoteca.

Gonzalo: Eres alguien muy interesante. ¿Cómo puedes cantar en una situación como ésta?

Flor: ¿Y qué quieres que haga? ¿Llorar? No podemos hacerlo. Es mejor esperar.

Gonzalo: Sí, tienes razón. Te llevaré a casa (sonríe). Vamos.

FUERA DE MIAMI
PLAYA

Estando de noche, el viento aún sopla, por lo que hay olas en el mar. Luciano está en frente, parado en la arena, pensativo y mirando distraído. Recuerda algo de hace unos días.

RECUERDO
DÍAS ANTES

Isabela y Luciano están sentados en una banca, frente a un río que queda cerca de la casa de Flor y Pepita. Ya es de noche. Ella saca del bolsillo del saco que tiene, el collar zodiaco de Cáncer que le compró a Luciano. Después de mostrárselo a él, se lo pone en su cuello y le sonríe.



Isabela: Y a partir de ahora, no te vas a ir de mi lado sin mi permiso ¿de acuerdo? Es decir, está prohibido que te alejes de mí.

FIN DEL RECUERDO

Luciano deja de recordar, un poco dudoso por lo que le pidió Isabela en aquel recuerdo. En ese momento, Isabela llega por detrás de él. Lo abraza por la espalda.



Isabela (desconcertada): ¿En qué estabas pensando?

Luciano: Solo miraba el mar…

Isabela: Estás lamentando haber venido aquí ¿no? Estoy segura que sí así lo niegues. Estás arrepentido.

Luciano: ¿Y tú no has tenido arrepentimientos? (Después de una breve pausa) Es difícil dejar de pensar en tantos problemas, en pensar que nos están buscando sin parar. Ahora mejor entremos, es tarde ¿no? (Sonríe)

AL DÍA SIGUIENTE
MANSIÓN SAN MIGUEL
SALA

Gonzalo está sentado en un sofá opuesto en el que está sentado don Humberto. Los dos están hablando mientras toman café.



Don Humberto: Lamento mucho como están sucediendo las cosas, no entiendo cómo pudieron haber sucedido así.

Gonzalo: Lo entiendo. Verá, Isabela está dudando ahora, pero aspiro a que más adelante se convenza de lo contrario.

Don Humberto: Esperamos que sí. A mí me da un poco de vergüenza decirlo de esta manera, pero por favor abogado Gonzalo, aférrese a Isabela. Mi nieta se está equivocando y solo lo hace porque aún es joven e inmadura.

Más tarde, Gonzalo está conduciendo su auto. En ese momento su celular empieza a timbrar. Él contesta, extrañado al ver quién llama.

FUERA DE MIAMI
PLAYA

Luciano acaba de colgar su celular. Va a buscar a Isabela al cuarto que están ocupando, pero no la ve. Después empieza a retirarse de la casa, dándose cuenta que está en el aire fresco. Allí hay una carpa y debajo, una mesa amplia con platos de comida y unas bancas.



Isabela: La señora de la renta me ayudó a sacar esto aquí. Yo misma preparé esta comida. Mira (le entrega un plato), es el plato que más te gusta (sonríe).

Luciano: ¡Veamos cuán bien sabe! (Prueba de la comida) Mmm, le agregaste mucha sal.

Isabela: ¿En serio? (Prueba de la comida de Luciano). ¡Cielos! Tienes razón. Le pondré más agua.

Luciano: Y cuéntame. ¿Podrás seguir cocinando, limpiando y lavando?

Isabela: Tal vez no. Dudo que pueda. Mira como me queda todo (ríe).

Luciano: Te quería comentar que lo mejor es que regresemos hoy.

Isabela (sorprendida): ¿Qué? ¿Tan rápido? Pero si solo llevamos un día…

Luciano: Es mejor así señorita. Debemos de hablar con tu abuelo, tal vez podamos llegar a algo.

Isabela: ¿Estás queriendo decir que puedes ganar su aprobación? Así lo estaré esperando. Mejor sigamos comiendo ¿sí?

Luciano asienta con la cabeza y ambos siguen comiendo. Más tarde, los dos están más alejados de la calle, preparados para salir. Están parados en la arena de la playa.

Luciano: ¿Estás lista, no?

Isabela: Sí, así es. Espero que puedas ganar la aprobación del abuelo.

Luciano: Ya lo podrás ver en unas horas.

Isabela: Y dime, ¿por qué estás así? He podido darme cuenta que tienes una cara muy extraña. Pareces un poco nostálgico. ¿No me estarás mintiendo, verdad?

Luciano: Por supuesto que no Isabela, yo solo quiero el bien para ti (sonríe). Mejor vayamos ya, se nos hace tarde.

MIAMI
ALGUNAS HORAS MÁS TARDE
MANSIÓN SAN MIGUEL
ESTUDIO

Don Humberto está entrando a su estudio, como le es de costumbre. El director Alfonso va con prisa hacia él, le entrega el teléfono.



Alfonso: Don Humberto, es mejor que reciba esta llamada al teléfono.

Don Humberto: (mientras se va sentando en la silla) Dile que llame para después. No quiero atender llamadas ahora.

Alfonso: Es el mayordomo Castaño.

Don Humberto: (atiende la llamada) Soy yo.

Luciano: (desde la otra línea) Presidente, iré para allá con Isabela. Estamos en camino.

Don Humberto: No es necesario que vengan a la mansión. Quiero que vengan al hotel prestigioso que queda cerca de la empresa. Allí estaremos, en una suite presidencial. ¿Entendido? Si queda con dudas, la recepcionista se lo dará a conocer (cuelga).

PUENTE PEATONAL

Luciano también cuelga el celular. Se acerca a Isabela quien observa los autos pasar, desde abajo.



Luciano: El señor Humberto me indicó que nos debemos reunir en un hotel. Sé dónde queda. Entonces, vamos.

Isabela (extrañada): ¿Y por qué allí? En fin, vayamos ya (sonríe).

MÁS TARDE
HOTEL DE LA CIUDAD

Isabela y Luciano se están bajando de un taxi. Los dos entran a un hotel. Después se acercan a la recepcionista y segundos después, siguen caminando, hasta llegar más arriba. Llegan a una suite presidencial. Los dos entran, viendo que no hay nadie. Isabela se sienta en una de las tantas sillas que hay puestas en el alrededor de una mesa larga y elegante, con varias copas.



Isabela: Por cierto, no caí en cuenta de preguntarte en el camino… ¿Qué dijo el abuelo de nosotros? ¿No te dijo nada sobre hacer un trato pacíficamente?

Luciano: Por supuesto. Eres su única nieta, seguro sí quiere verla sin ningún problema.

Isabela: Eso estaría muy bien. Si hubiera sabido que estaríamos en un hotel, me hubiera maquillado.

Luciano: Te ves más fresca como estás (sonríe).

Isabela: Deberías sentarte también.

Luciano: No, no es necesario. Por favor espera un rato aquí. Saldré un momento, ya regreso señorita.

Isabela: Está bien, pero no tardes ni mucho menos te pierdas y me dejes aquí sola. ¿Perfecto?

Luciano asienta con la cabeza y sale del cuarto. Antes de cerrar la puerta, observa a Isabela un poco triste, peor luego termina por irse, pensativo. No muy lejos, don Humberto está caminando, dirigiéndose a la suite. Detrás de él, va Gonzalo. Los dos tienen un rostro serio. Dentro de la suite de Isabela, ésta espera impaciente.

Isabela: ¿A dónde habrá ido Luciano? ¿Y por qué el abuelo se tarda tanto? (Entra primero don Humberto). ¡Abuelo! (se levanta). Pensé que no llegarías, te estabas demorando mucho. El mayordomo Castaño está apenado contigo, al igual que yo (entra Gonzalo). ¡Gonzalo!

Isabela se extraña peor también se sorprende al ver a Gonzalo allí. Minutos más tarde, Isabela, Gonzalo, don Humberto, Abigaíl y Fernando Martínez, los padres de Gonzalo, están platicando en la mesa, todos sonrientes a excepción de Isabela, quien está incómoda.



Fernando: (a don Humberto) Debió ser muy incómodo para usted Presidente, los reportajes que se hicieron en el periódico, y más siendo cosas falsas ¿verdad?

Don Humberto: (sonriendo) Tiene razón. Pero ya todo se ha calmado.

Abigaíl: (mirando a Isabela) Su nieta es muy preciosa. Seguro debe ser renuente entregarla en matrimonio.

Don Humberto: Bueno, si el abogado Martínez, está de acuerdo, estaría dispuesto a casarla mañana mismo (ríe). ¿Estaría bien para usted abogado?

Gonzalo: (sonríe) Yo respetaré la decisión que usted e Isabela tomen.



Isabela: Yo…

Don Humberto: Habla con comodidad, por favor.

Isabela: Yo… No puedo acordar este matrimonio.

Abigaíl y Fernando se sorprenden y se miran entre sí. Un momento después, los dos están saliendo de la suite presidencial. Gonzalo los persigue preocupado.

Fernando: ¡No te queremos ver! ¿Cómo pudiste hacernos esto? ¿Meterte con una mujer que ni te quiere? ¡Es vergonzoso! Vamos Abigaíl.

Los dos se terminan de ir. Gonzalo suspira angustiado. En la suite, don Humberto regaña con severidad a Isabela.

Don Humberto: ¿Cómo puedes decir esto? ¡La persona que es perfecta para ti es el abogado Martínez!

Isabela: Abuelo, yo a quien amo en verdad es a…

Don Humberto (molesto): ¡No te molestes en decir el nombre del mayordomo Castaño!

Isabela: (terminando de decir) Luciano Castaño… (Don Humberto se altera)

Don Humberto: ¡Isabela! ¿Estás diciendo eso sabiendo la clase de persona que es? ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿¡Cómo pudiste!?

Isabela: Abuelo yo… Lo siento pero no puedo mentir (él se para e Isabela trata de detenerlo).

Don Humberto: ¡Suéltame!

Don Humberto se termina de ir muy enojado. Isabela se lleva las manos a la cara. Después sale de la cuite, cruzándose con Gonzalo.

Gonzalo: ¿Estás feliz que todo haya terminado así?

Isabela: Yo… No puedo ocultar mis sentimientos. Mejor dime… ¿Luciano me entregó a ustedes, o todo fue casualidad?

Gonzalo: ¿Por qué quieres saberlo? (Después de una breve pausa) Digamos que… El mayordomo Castaño y yo, pensamos igual.

FLORERÍA DE PEPITA

Flor y Pepita organizan las flores. Las dos hablan de Isabela y Luciano.



Pepita: ¡Es exasperante! No me cabe en la cabeza que la nieta de un magnate, haya terminado enamorada de Luciano. ¿Quién lo diría?

Flor: Esto es más difícil para Luciano y para el abogado Martínez, el novio de la Isabela esa.

Pepita: Querrás decir el ex novio (Luciano llega en ese momento). ¡Luciano, hijo!

Flor: (aliviada) ¿Dónde estabas? ¿Por qué te perdiste así? ¡Estábamos muy preocupadas por ti!



Luciano: Luego les explicaré todo. Ahora, me retiraré un rato. Solo les quería hacer saber, que estoy bien (sonríe y se va).

Flor: ¡Luciano!

Pepita: (deteniendo a su hija) ¡Oye, espérate! ¿Qué haces? ¿Crees que él ahora quiere ponerse a lidiar con tus gritos y escándalos?

Luciano camina cerca de la florería de Pepita. De repente se detiene al ver a Isabela en frente de él. Ella llega y antes de permitir que Luciano pronuncie una palabra, le da una cachetada delicada.



Isabela: Vine a darte las gracias por todo. Estaba tan feliz porque pensé que querías presentarnos ante el abuelo formalmente, pero me equivoqué (solloza). ¡Me engañaste! Solo estabas pensando en cómo entregarme ante Gonzalo.

Luciano: Isabela yo…

Isabela: Olvídalo. Mejor déjame preguntarte… ¿Algunas vez me has amado? (Después de una breve pausa). ¿Es así tu amor? Idiota…

Isabela se voltea y se va de allí, casi llorando. Deja a Luciano triste, pero ella se queda en aquel estado aún más. Camina por las calles con lentitud, triste.

MANSIÓN SAN MIGUEL
ESPACIO DE SERVICIO

El director y Alfonso están en el área de servicio. Él le comenta a la ama da llaves que Isabela se reuniría con Gonzalo.



Lupe: ¿Estás hablando en serio? ¿Entonces qué hay del mayordomo Castaño?

Alfonso: Él la llevó al hotel en que se reunirían.

Lupe (sorprendida): ¿El mayordomo Castaño? ¿No que estaba muy enamorado de la señorita?

Alfonso: Lo hizo porque de verdad de preocupaba por el bienestar de la señorita San Miguel.

Lupe: No, no estoy de acuerdo. Si de verdad la ama, debió haberse quedado con ella.

Alfonso: ¿Por qué estás reaccionando así Lupe?

Lupe: Sé que el mayordomo Castaño carece de los mismos recursos que tiene la señorita Isabela, pero eso no lo hace de menos al amarla.

Alfonso: Yo también confío en el mayordomo Castaño y me gusta como es de sencillo, pero no puedo estar de acuerdo contigo. El amor solo no lleva a la felicidad.

Lupe: Sí, quizás tienes razón. Pero es más difícil ser feliz sin amor. Eso es lo que simplemente creo yo.

Lupe se retira molesta. De repente su celular suena. Ella lo contesta.

Lupe: (contestando) ¿Hola? (Pausa) ¿Señorita Isabela?

MÁS TARDE
HOTEL DE LA CIUDAD

Luciano llega de un taxi al mismo hotel de hace un rato. Se baja no sin antes pagarle al conductor del vehículo. Él recibió la llamada de Lupe, quien le informó que Isabela no quiere regresar a casa, sino que decidió quedarse en el hotel. Luciano va con prisa a la suite. Después de tocar la puerta, Isabela abre, quien al verlo, intenta cerrarle la puerta molesta, pero él alcanza a entrar.



Isabela: ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Fuera de aquí! ¡Lo que me pase es algo que a ti no te importa!

Luciano: Debes de ir a casa, deja de estar preocupando a las personas (va hacia una mesa y toma el bolso de Isabela).

Isabela: ¡Vete o llamaré a los guardias de seguridad! ¿Así quieres? ¡Está bien! (Se iba a ir pero Luciano la detiene).

Luciano (molesto): ¡Isabela!

Isabela: (se acerca a él) A ver te pregunto algo… ¿Por qué crees que te pedí que huyeras conmigo? ¿Por qué estaba aburrida? ¿Para tomar aire fresco? ¿Para ver el mar? No. Lo hice porque quería estar contigo, y pensé que así podría atravesar cualquier cosa. Pensé que sentías lo mismo, sin importar qué pasara y que nunca me dejarías, pero fue ingenua de nuevo. Me enviaste fácilmente a Gonzalo y eso me enoja. Eres egoísta… Y cobarde.

Luciano: Es verdad, soy un cobarde. Para la gente que tiene mucho como tú, es fácil arrojar todo y volver a empezar, dado que tienes mucho que ganar. En cambio para la gente que tiene poco como yo, lo único a lo que puedo renunciar por ti, es a mí mismo. Por eso te envié con Gonzalo Martínez. SI eso fue cobarde y tonto, es correcto lo que dices. Si hubiera sabido que las cosas terminarían así, hubiera preferido seguir siendo tu mayordomo hasta el final.

Isabela (triste): ¡Eso no es lo que estoy diciendo!

Luciano: Le diré a la señora Lupe que envíe un auto para que venga por ti (se va yendo).

Isabela: (llorando) Lo siento… No quería herirte con lo que dije…

Isabela se lleva la mano a la boca y continúa llorando, sin embargo Luciano después de escucharla, sigue yéndose, hasta salir de la suite y empezar a caminar por los corredores del hotel para irse. De repente se detiene, pensando cuando Isabela fue por él al hospital, cuando estuvieron huyendo y llegaron a la playa, y finalmente se muestra la escena de cuando se dibujaron en la arena de la playa. Luciano deja de pensar y se voltea, en forma de devolverse. Él empieza a caminar primero con lentitud y luego sigue corriendo, dirigiéndose de nuevo para el cuarto del hotel en el que está Isabela. Cuando llega a la puerta, toca varias veces, hasta que Isabela abre. Se puede notar que ha estado llorando seguido desde que él salió. Luciano la mira unos breves segundos, luego entra y la abraza. Se desprenden después de otros segundos más y Luciano la besa e Isabela le corresponde. Ambos continúan besándose, mientras ella le quita el saco de mayordomo a Luciano. La puerta de la suite se va cerrando lentamente…

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