viernes, 12 de septiembre de 2014

Mi Bella Dama [Capítulo 30]



Isabela y Luciano aún están abrazados, sin embargo, Isabela decide soltarse de él pero cuando se iba a ir, Luciano la detiene tomándola del brazo.

Isabela: Suéltame.

Luciano: Isabela, yo…

Isabela: (interrumpiéndole) Dije que me sueltes.

Luciano: (no soltándola) Vamos a casa.

Luciano se lleva a Isabela tomado de la mano. Después, mientras Luciano conducía el auto, Isabela se encuentra sentada en el asiento trasero del auto. Ambos están muy serios, Luciano conduce e Isabela tiene la cara volteada mirando por la ventana. Más tarde, cuando llegan a la mansión San Miguel, Luciano detiene el auto y se baja para abrirle la puerta a Isabela pero ésta se adelanta y se baja del auto. Lupe los esperaba en la entrada de la mansión.



Lupe: (sonriendo) Señorita, que bien que ya regresó…

Isabela no le presta atención y entra, dejando a Lupe sorprendida.

Lupe (desconcertada): ¿Qué sucedería? (a Luciano) ¿Te volviste a pelear con la señorita?

Lupe también entra a la mansión y alcanza a Isabela.

Lupe: (caminando tras Isabela) ¿Por qué apagó su celular?, llamó el Abogado González y dijo que no pudo contactar con usted (Isabela no responde y sigue caminando directo a su habitación) Señorita, ¿ha cenado? (Isabela entra a su habitación y cierra la puerta) ¿Qué le pasará?



Isabela en su habitación, caminando despacio y triste, se sienta en uno de los sofás y recuerda lo que le pasó con Luciano hace unos momentos. Gonzalo en ese momento, trata de comunicarse por celular con Isabela pero no lo logra ya que ésta tiene el celular apagado.



Gonzalo: Que raro, algo debió haber sucedido.

(Termina el incidental)

AL DÍA SIGUIENTE
FLORERÍA DE PEPITA



Flor está sentada dibujando nuevos diseños de sus zapatos para “Tenna Shoes”, la pequeña empresa de Adela, pero se detiene, recordando las insinuaciones que Isabela hizo el día anterior sobre que Luciano es un gigoló.

Flor (enojada): ¡Ah, esa chica Isabela San Miguel! ¿Cómo pudo decir eso?, no tenía por qué haberlo hecho y más ante el abogado.

En ese momento viene Pepita con unas flores muy elegantes.



Pepita: Flor, me voy a la mansión San Miguel en donde está Luciano a entregar unas flores.

Flor: ¿Ahora? (levantándose del asiento) Entonces, voy contigo (Pepita la mira sorprendida) ¿Por qué me miras así mamá? ¿Por qué te importa que vaya a ver a Luciano?

Pepita: Haz lo que quieras (se adelanta saliendo de la florería).

MANSIÓN SAN MIGUEL

SALA DEL COMEDOR



Isabela llega a la sala en donde está el comedor para desayunar, allí están los tres mayordomos de siempre que respaldan la salida de Luciano. Isabela se sienta y se extraña a no verlo.

Isabela: ¿Dónde está el mayordomo Castaño?

Mayordomo 1: Esta mañana temprano, se despidió de la ama de llaves Lupe y se fue.

Isabela: ¿A dónde?

Mayordomo 1: No lo sabemos, tal vez solo lo sepa la señora Lupe (Isabela se queda pensativa).

CEMENTERIO



Luciano llega a un cementerio con un ramo de flores, se acerca a una tumba y sonríe.

MANSIÓN SAN MIGUEL
SALIDA



Flor y Pepita ya han llegado a la mansión, ésta primera, logró averiguar por medio de Pepita que Luciano fue al cementerio.

Pepita (extrañada): ¿Luciano fue al cementerio? ¿Iría a visitar la tumba de su madre?

Flor: Eso me dijo la señora Lupe, aunque, ¿quién sabe? (se queda pensando un momento). Creo que sé por qué fue allí.

Flor se va a la entrada de la mansión San Miguel, con el propósito de hablar con Isabela.

Pepita: ¡Flor!, ¿a dónde vas? ¡Flor!

Flor se encuentra a los tres mayordomos en la entrada de la mansión, quienes charlaban pero se detienen al ver a Flor.

Flor: Disculpen, ¿dónde está la directora?

MINUTOS DESPUÉS
MANSIÓN SAN MIGUEL
JARDÍN

En el jardín, Isabela y Flor están sentadas con una mesa pequeña que las separa.



Isabela: ¿Tenías algo que decirme?

Flor: Trataré de no andarme con rodeos.

Isabela: Está bien.

Flor: Escuché que lo sabes, directora.

Isabela: ¿El qué? (después de un pequeño momento) ¡Ah!... ¿qué Luciano era un gigoló? (Flor suspira) Sí, lo sé. También sé que se convirtió en mi mayordomo para seducirme y que no es el Luciano que yo pensé. Lo sé todo.

Flor: ¿Por eso lo dijiste?

Isabela (desconcertada): ¿Qué?

Flor: Dijiste que le quedaría bien ser un gigoló, ¿por qué lo tenías que insinuar así?



En la salida de la mansión, Gonzalo llega en su auto, cuando se baja, ve desde lejos a Isabela y Flor en el jardín.



Flor: ¿Sabes por qué Luciano tuvo que vivir así?, ¿sabes por qué tuvo que tener esa clase de vida? (después de un par de segundos) No lo sabes. Pensándolo bien, mejor no te lo digo…

Isabela: Ya déjate de rodeos, si tienes algo que decir, suéltalo.



Flor: Bien te lo diré. Es cierto, fue gigoló, pero… lo hizo para pagar las facturas médicas de su madre, no tenía otra alternativa (Isabela se sorprende sintiéndose triste). No le importaba lo que tuviera que hacer, solo quería que su madre se recuperara. Es verdad, hizo mal en intentar seducirte, pero después de todo, ¿te hizo algo malo?, ¿te ha impedido hacer lo que querías? (subiendo su tono de voz), ¿te ha estropeado, alguna relación por intentar seducirte? No se ha interesado en tu dinero, ¿verdad?

Isabela voltea la cara, aceptando las palabras de Flor.

Flor: Aunque le pegabas todos los días, siguió cuidándote, continuó protegiéndote y siguió a tu lado. Es tan bueno contigo, que incluso yo, estoy muy molesta. ¿Qué mal te ha hecho Luciano para que tuvieras que tratarla así? ¿¡Por qué tienes que mirarlo con desprecio y maltratarlo así!? . (Después de un momento) Directora, te lo he explicado todo. Luciano no es alguien al que deberías tratar así. Así que, por favor, deja de ignorar los sentimientos de los demás. Y también, deja de ser tan malcriada, por favor.

(Termina el incidental)

Flor se levanta del sillón y se va. Isabela después de un momento, también se para lentamente y cuando se iba a ir, llega Gonzalo.



Isabela: Gonzalo, ¿cuándo llegaste?

Gonzalo: Hace un momento. Pero, ¿discutiste con Flor?

Isabela: No, no fue una discusión, sólo estuvimos charlando. No me llamaste antes de venir, ¿sucedió algo?

Gonzalo: Ah, estuve llamándote anoche, pero no me respondiste, así que…

Isabela: Oh sí, lo siento. Debí haberte llamado yo primero.

Gonzalo: No importa (sonríe). Ahora que te veo, todo está bien. Pero, ¿por qué no está por aquí el Mayordomo Castaño?

Isabela: Parece que salió porque tenía una cita, no estoy muy segura (sonríe forzadamente).

CEMENTERIO

Luciano aún se encuentra en el cementerio, visitando la tumba de su madre, en la cual está frente de ella. Allí, puso las flores que trajo.



Luciano: (sonriendo) Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te visité. Las cosas han cambiado mucho y ahora, no sé por qué tengo que llevar esta clase de vida, pero a pesar de todo, siento que ella es adorable y… realmente muy bella (suspira y luego sonríe).

MANSIÓN SAN MIGUEL
CERCA DEL JARDÍN

Isabela está a fuera de la mansión San Miguel, cerca del jardín. Está esperando a Luciano, y cuando miraba ansiosa por sus alrededores, Luciano llega. Ambos se miran. Momentos después, están sentados en una banca que se encuentra en el lugar.



Luciano: Siento mucho lo que sucedió ayer, no debí haber hecho eso y por ello, me siento realmente apenado.

Isabela (cruzada de piernas): ¿Sabes que yo… me alegro mucho de que seas mi mayordomo? (Luciano la mira incrédulo pero Isabela sonríe). Sé que te lo he puesto difícil, pero estoy muy feliz y agradecida contigo. También siento mucho, haberte tratado tan mal en el pasado, pero sin duda… confié mucho en ti. Pensé que eras sincero por las cosas que has hecho por mí, y por eso, me sentí mucho más traicionada. Pero está bien, no importa, aunque me temo, que no sé si podré seguir confiando en ti, ¿podré volver a confiar en ti alguna vez?

Luciano: (deja de mirarla) Usted antes, me preguntó si le escondía algo, y si fuera así, que se lo dijera honestamente. A pesar de que no quería decírselo aunque todo el mundo lo supiera, no le quería decir a usted señorita, la clase de persona que soy. Porque… (Después de una breve pausa), porque… Usted me gusta señorita.

Isabela lo mira muy sorprendida, por lo que deja de mirarla.

Luciano: Respecto a lo de seducirla, me he deshecho de ese pensamiento. Así que, quédese tranquila y siga confiando en mí. Permiso.

Luciano se levanta de la banca y se va, dejando a Isabela muy pensativa.

AL DÍA SIGUIENTE
CAFETERÍA



Gonzalo está en una cafetería, sentado y tomando un café que está encima de una mesa, en ese momento llega Flor, a quien Gonzalo esperaba, suspira y se a cerca a la mesa, sentándose en un sillón.



Flor: Estoy aquí abogado Martínez, ¿por qué querías verme?, ¿no fue posible decírmelo directamente sin ninguna cita?

Gonzalo: Bueno, lo hice porque es algo personal. Flor, eres inteligente, así que creo que eres capaz de decírmelo sinceramente.

Flor: Si lo sé, entonces te lo diré. ¿Qué quieres hacer?

Gonzalo: ¿Hay algo entre el mayordomo Castaño e Isabela que yo no sepa?

Flor (sorprendida): ¿Qué?

Gonzalo: Para ser sincero, ayer escuché la conversación entre Isabela y tú. Parece que se trataba del mayordomo Castaño y creo, que hay algo que yo no sé. Si tú lo sabes Flor, entonces…

Flor: No lo sé. No sé que fue lo que entendiste, yo solo quería que ella no ignorara los sentimientos de Luciano. Quizás para la directora San Miguel, Luciano es un simple mayordomo, pero para mí es una persona muy importante.

Gonzalo: ¿Eso es todo?

Flor: Sí, eso es todo. Ya que estamos hablando de esto, déjame hacerte una pregunta. Abogado, ¿no te gusta que Luciano esté al lado de Isabela? A mí tampoco me gusta, así que creo que solo hay una solución de solucionar nuestro problema. Abogado Martínez, apresúrate y cásate con ella.

Gonzalo (sorprendido): ¿Casarme?

Flor: Sí (sonríe). De todos modos, supongo que ustedes dos pensaban casarse ¿no?

Gonzalo: Sí, creo que sí.

Flor: Bueno, entonces, no pensará llevarse sus mayordomos cuando entre a tu familia, ¿verdad?

Gonzalo o responde y se queda pensativo. Momentos después, Flor sube unas escaleras de la empresa San Miguel, dirigiéndose a la pequeña empresa de Adela, pero antes de llegar allí, se encuentra a Luciano.



Luciano: ¡Flor!

Flor: (acercándose a Luciano) Oh, Luciano, ¿qué pasa?

Luciano: Me gustaría pedirte un favor (saca del bolsillo del pantalón una memoria USB y se la entrega a Flor).

Flor: (viendo la memoria curiosa) ¿De qué se trata?

Luciano: En este pequeño aparato, está el proyecto que Adela San Miguel le robó a la señorita. Entonces, quería deshacerme de él, ya que Adela evidentemente hizo fraude. ¿Puedes hacerlo?

Flor: Luciano, ¿otra vez ayudando a Isabela San Miguel?

Luciano: Por favor, solo ayúdame por esta vez. Además, esto también te beneficiaría a ti porque Adela, puede robarte tus diseños. De hecho deberías aprovechar esta oportunidad para darle una lección, ¿no crees?

Flor: Luciano, realmente envidio a la directora (Luciano se sorprende). Tiene dinero y vive como quiere, pero no envidio nada de eso, pero el que seas su mayordomo, eso me enoja siendo ella como es. Como eres su mayordomo, la estás ayudando siempre, ¿no es así? Me gustaría tener un mayordomo como tú. Bueno, me voy. SI hay algún problema con eso, te llamaré.

Luciano: (sonriendo) Está bien Flor, y gracias.

Flor se iba a ir pero se detiene.

Flor: ¡Ah! (Luciano se detiene y voltea hacia Flor). Hoy me encontré con el abogado Gonzalo Martínez, y… (Para de hablar).

Luciano: ¿Y…?

Flor: Eh, nada. Solo que… me parece una persona muy divertida, hace cosas que no debería hacer un abogado. Bueno, ahora sí, me voy.

Flor sonríe y se va, dejando a Luciano intrigado, pero también se va, dirigiéndose a la oficina de Isabela.

EMPRESA SAN MIGUEL
OFICINA DE ISABELA



Isabela y su prima Adela, se encuentran en la oficina de ésta primera, ambas practican sobre el proyecto que Isabela pretende abrir en internet.

Adela: Isabela, escuché que sigues queriendo abrir una tienda online, ¿eso es cierto?

Isabela: (pasando las hojas que hay en una carpeta) Mmm, ¿por qué?

Adela (molesta): Oye, ¿no me dijiste que querías cerrarla?, ¿por qué no cumples tus promesas?

Isabela: ¿Promesa? Además, aún queriendo abrirla, ¿qué tiene que ver esto contigo? Es mi deseo. Y tú, cuando has robado algo a alguien, ¿tienes derecho a hablar tan alto?

Adela (sorprendida y enojada): ¿¡Qué!? Sigues diciendo que te he robado algo, eso es difamación. Si me sigues difamando, no lo dejaré pasar, ¿de acuerdo? (en ese momento entra Luciano a la oficina).



Luciano: Si la está difamando o no, la verdad se sabrá inmediatamente, así que, espere un poco por favor.

Adela: ¿A qué te refieres con eso?, ¿qué tienes que ver tú con todo eso? Esto es…

Luciano: (interrumpiéndole) Hay indicios de que se duplicaron documentos en la oficina de la señorita. Parece que hay un espía.

Adela (preocupada): ¿Un… espía?

Luciano: Sí, pero no tiene que preocuparse. Podemos encargarnos de atrapar al… criminal.

Isabela (con malicia hacia Adela): Es cierto, si atrapamos al criminal, te lo haré saber. ¿Así que, puedes irte ya? (murmurando) Me molesta tu presencia.

Adela: Bien, tú simplemente continúa con tu idea. Piensa lo humillante que podría resultar antes de empezar con ello.

Adela cuando iba a salir, Luciano le cierra el paso, interponiéndose en su camino.

Luciano: Usted señorita Adela, también esfuércese. ¿No existe la competición amistosa?, nuestra señorita es linda y carismática por naturaleza, entonces ¿se podría competir con eso? (Adela se sorprende muy enojada e Isabela ríe)

Adela: Mayordomo Castaño, tampoco voy a perdonarte, ¿entiendes?

Luciano (muy tranquilo): Haga lo que desee. ¡Ah!, que frustrante.

Adela se va estrujando a Luciano, pero dejándolo sonriente. Le entrega unos documentos a Isabela.

Luciano: Creo que esto podría servir para su investigación, así que lo traje.

Isabela: (sonriendo) Estoy muy agradecida porque estás de mi parte (deja de sonreír), pero sabes que es muy difícil librarse del odio de Adela ¿verdad?

Luciano: (sonríe) No importa. ¿Necesita algo más?

Isabela: (no mirándolo a los ojos, disimulando viendo los documentos) No, está bien. Hablaremos después, no tienes por qué preocuparte por mí. Mejor vete a trabajar.

Luciano Está bien (sale de allí y se queda en la entrada de la oficina).

CAFETERÍA



Gonzalo está en una cafetería, diferente a la que se reunió con Flor. En el lugar, también se encuentra Mauricio Martínez, el hermano mayor de Gonzalo con el que no mantiene una buena relación.

Mauricio: (entregándole un documento) Esta es la condición que el sindicato ha establecido. El anuncio oficial se hará mañana.

Gonzalo: Mauricio…

Mauricio: No es porque nos guste, sino porque tenemos miedo que nos hundas poco a poco. Has perdido tu experiencia laboral, eso podría afectar a la empresa MetroEX, y más, sabiendo que estás saliendo con Isabela San Miguel, que pertenece a nuestra empresa oponente. Esto no tiene muy feliz a papá.

Gonzalo: Sabía que papá nunca estaría de acuerdo, pero para mí, Isabela no tiene nada que ver con los problemas que tengo con mi profesión, ella está fuera de esto.

Mauricio: Pero, ¿lo ve así la gente de tu entorno? Cuando tengamos tiempo, espero cenar contigo y con ella.

Gonzalo: Está bien, y dile a papá que lo siento.

Mauricio: Lo haré. Adiós.

Mauricio se levanta del asiento en donde estaba sentado y se va.

EMPRESA SAN MIGUEL
OFICINA DE ISABELA

Luciano termina por entrar sigilosamente en la oficina de Isabela, ésta escribe en un papel sin darse cuenta que Luciano entró. Éste se acerca a ella y la mira.



Luciano: ¿Todo bien?

Isabela: (asustándose) ¡Ah, me asustaste!, ¡a la próxima vez has más ruido!

Luciano: ¿Por qué se asustó tanto?

Isabela: Porque de repente apareces ahí, junto a mí. Espero que la próxima vez, hagas más ruido.

Isabela sigue escribiendo pero le incomoda la mirada de Luciano, así que deja de hacerlo.
Isabela: ¿Por qué me miras así?

Luciano: Señorita, ya es hora de irse. Que distraída está que no se ha dado cuenta. ¿Qué le parece si salimos a tomar vino?

MINUTOS MÁS TARDE
PUESTO DE VENTAS



Ya es de noche, Isabela y Luciano están en un puesto de ventas que está cerca de la carretera. La dueña del puesto, les trae una botella de vino y un plato de fideos.

Luciano: (pasándole los fideos) Tome señorita un poco de fideos (cogiendo la botella de vino). Yo beberé vino.

Isabela: ¿Cómo así? Entonces, ¿quién nos llevará a casa?

Luciano: Lo hará usted señorita. Pensando en lo duro que ha sido trabajar para usted, creo que me merezco esto.

Isabela: Ahora que sabes como me siento, te importa menos. Pasaste página (Luciano ríe e Isabela empieza a comerse los fideos).

Luciano: Señorita, ¿se siente incómoda conmigo?

Isabela: (dejando de comer) ¿Qué quieres decir?

Luciano: Desde anoche, cuando le dije que me gustaba, no ha sido capaz de mirarme a los ojos. Cuando estoy a su lado, se siente incómoda ¿verdad?

Isabela: Para ser sincera, sí me siento incómoda. Pero no es únicamente por lo que dijiste ayer. Ya no eres el amable, honesto y gruñón mayordomo Castaño, ¿no es así? Pues, eso me hace sentir un poco incómoda y tampoco sé como tratarte.

Luciano: ¿Entonces, que debería hacer ahora?, ¿me cambio por el mayordomo y director Alfonso?

Isabela: ¡No! Tampoco tiene que ser así. Solo necesito tiempo, eso es todo (sonríe). Necesito tiempo para entender la parte de ti que nunca comprendí.

Luciano: Sigo siendo yo, ¿qué puedo hacer para que se sienta bien la señorita?, ¿aceptar sus agradecimientos?

Isabela: (sonriendo) Eso es mucho más reconfortante (deja de sonreír). Pero, ¿por qué viviste así?, ¿realmente era el único modo? (Luciano se queda callado) ¡Respóndeme! Quiero saberlo.

Luciano: (mintiendo) Es porque era una persona horrible y quería vivir una buena vida. Es todo (sonríe).

Isabela: ¿Por qué no me dices que fue por tu madre? (Luciano deja se sonreír) Me lo dijo tu amiga, Flor Smith, que fue por la enfermedad de tu madre, ¿no?, pero ¿por qué no me dijiste eso?

Luciano: Si se lo hubiera dicho, ¿habría cambiado algo? Aunque ése fuera el motivo, lo que hice no fue bueno (cambiando de tema). Debe tener hambre, ¿no? Entonces no deje enfriar tu comida.

Momentos después, Isabela y Luciano están saliendo del puesto de comidas.

Isabela: (a la dueña del puesto de comidas) Adiós (sonríe y termina de salir, al igual que Luciano)

Luciano: Pagué los fideos, así que, lleve el auto señorita.

Isabela: Creo que estás actuando. Solo fue un cuenco de fideos. Sí… quizás así sea mejor.

Luciano (extrañado): ¿Qué?

Isabela: (volteándose hacia él) Saberlo todo sobre ti. Si no, seguirás viviendo ocultando algo, ¿verdad? Eso me parece una estupidez, ¿a ti no te parece?

Luciano: Sí, gracias por decirlo.



Isabela: Tú hace un tiempo dijiste que en las relaciones humanas, lo más importante es el comienzo (extendiéndole la mano) Comencemos de nuevo, como si nos viéramos por primera vez.

Luciano: (después de un pequeño momento) Está bien. Comencemos de nuevo, como si nos viéramos por primera vez.

Luciano también le extiende la mano, juntándola con la de Isabela. Ambos ríen. Después de que unos segundos, aún tienen las manos juntas.

Luciano: Suéltame la mano.

Isabela le suelta la mano y nuevamente ríe. Minutos más tarde, los dos llegan en el auto de Isabela a la mansión San Miguel. Ella conduce. Gonzalo la espera en la entrada de la mansión, al ver llegar el auto, sonríe pero cuando ve a Luciano, se pone serio y más al ver que Isabela conducía. Cuando el vehículo se detiene, Isabela se baja al ver a Gonzalo, va hacia él y sonríe.



Isabela: Gonzalo, ¿cuándo llegaste?



Gonzalo: Ahora mismo, ¿pero por qué tú traías el auto?



Luciano: (también acercándose) Es porque…

Isabela: Porque el mayordomo Castaño bebió un poco, así que le ayudé con eso. Que amable soy, ¿no es cierto?

En seguida, Isabela y Gonzalo charlan sentados en una banca en uno de los jardines de la mansión.



Isabela: Entonces, ¿te reconciliaste con tu hermano?

Gonzalo: No sé si nos reconciliamos, de todos modos, las cosas se han resuelto sin problemas. Quería ser el primero en decírtelo Isabela, así que vine sin llamarte primero.

Isabela: Ya veo. Si lo hubiera sabido antes, te hubiera llamado cuando estábamos en el puesto de comida junto a la carretera (sonríe). Podría haberte invitado a un trago para celebrarlo.

Gonzalo (serio): ¿Fuiste allí?

Isabela: Sí, los fideos que compró el mayordomo Castaño estaban deliciosos. En todo caso, felicidades por haberlo solucionado todo sin problemas. ¿No estabas preocupado por lo que estaba sucediendo en tu familia?

Gonzalo: Ah, eso sí. Si tienes tiempo, ¿te gustaría conocer a mi hermano? Dijo que quería conocerte. Pero si no te apetece, no tienes por qué conocerlo (sonríe).

Isabela: Aunque fuera agobiante, en todo caso él es de tu familia entonces por supuesto que debería conocerlo. Dímelo cuando hayas fijado una fecha.

De repente, Luciano llega corriendo con un teléfono móvil hacia Isabela.



Luciano: (entregándole el teléfono) ¡Señorita! Tiene una llamada del Presidente Humberto San Miguel.

Isabela (emocionada): ¿De verdad? (a Gonzalo) Espérame.

Isabela se levanta de la banca y se va un poco lejos de allí para hablar con su abuelo Humberto.

Luciano: (a Gonzalo) ¿Necesita algo?

Gonzalo (serio): ¿Vas de vez en cuando a un puesto de comidas rápidas a beber con Isabela?

Luciano: Eh, no… Hoy fue la primera vez. ¿Acaso le molesta?

Gonzalo: Sí, ¿fui demasiado directo?

Luciano: No, ahora acepto que cometí un error. Tendré cuidado de que eso no vuelva a suceder.

Gonzalo: Creo que eres una buena persona mayordomo Castaño y me parece que Isabela te necesita. No hagas que cambie de opinión.

En ese momento, llega Isabela con el teléfono y se lo entrega a Luciano feliz.

Isabela (equivocada): La cirugía del abuelo salió muy bien. Creo que regresará muy pronto (sonríe con regocijo).

Gonzalo: Eso es estupendo, también estaba muy preocupado (sonríe).

Isabela: Aunque no lo haya dicho, también me sentía muy preocupada. Es un alivio que todo haya salido bien.

Gonzalo: Me alegra (mira el reloj). Ya es tarde, así que tengo que irme. Nos veremos luego Isabela, espero que mañana.

Isabela: (sonriendo) Te acompañaré a la salida.

Isabela y Gonzalo se van de allí. Luciano queda muy serio y pensativo por las palabras de Gonzalo.

AL DÍA SIGUIENTE
MANSIÓN SAN MIGUEL
SALA DEL COMEDOR

Los tres mayordomos y las tres sirvientas de siempre, se asoman cuidadosamente y con discreción en la sala del comedor de la mansión San Miguel, pues les parece curioso que Luciano le esté enseñando a preparar comida a Isabela. Ambos están sentados en el comedor.

Mayordomo 1: El sol ahora está saliendo por el Occidente.

Mayordomo 2: Cierto.

Mayordomo 3: Nuestra señorita cambió mucho, ¡qué decepción!

Mayordomo 1: ¡Mejor vamos a trabajar! (todos se van).

En el comedor, Isabela prepara comida con ayuda de Luciano para llevarla a almorzar en la salida que tendrá con Gonzalo a montar bicicleta. En ese momento, ella envuelve el arroz en una pequeña hoja de árbol natural, sin embargo, ésta se le rompe.



Isabela: ¡Ah, se volvió a romper!

Luciano: ¿Lo ves? Ya se lo dije, no lo doble con brutalidad.

Isabela (molesta): ¿Brutalidad? ¿¡Me llamaste bruta!?

Luciano: (ríe) Mejor quítate ese grano de arroz que tienes en la cara antes de hablar.

Isabela: (tratando de quitarse el grano de arroz) ¿Grano de arroz?, ¿dónde?

Luciano: Espera, te ayudaré.

Isabela se detiene y Luciano se acerca a ella, y quita el grano de arroz con su mano, luego se lo come. Isabela avergonzada se limpia la cara.

Isabela: Sería genial si hicieras esto en mi lugar, ¿no crees?

Luciano: Si lo haces tú sola, no se imagina lo feliz que se pondrá el abogado Martínez, ¿o no es así?

Isabela: (sonriendo) Sí, si es cierto. Por cierto… ¿te acuerdas del cupón que te di de cumpleaños hace un tiempo? ¿Cuándo planeas usarlo?

Luciano: Sí, lo recuerdo. Lo usaré cuando se me ocurra algo mejor en el futuro.

Isabela: Ese cupón tiene fecha de caducidad, ¿recuerdas? Cuando caduque, no pienses en conseguir otro igual (Luciano ríe). Oh, sí… La otra vez dijiste algo sobre ayudarme a cumplir un deseo, ¿verdad? En el futuro cuando te diga mi deseo, no puedes fingir que no lo sabes. ¿Entendido?

Luciano: Está bien.

Isabela: Mientras yo monte bicicleta con Gonzalo, ¿qué harás tú? Si vas a estar aburrido, ¿te gustaría venir conmigo?

Luciano: No, creo que mejor voy a una cita con Flor. También voy a salir.

Isabela: ¿Con Flor? Es bueno que lo pensaras, bien hecho (volviendo a rellenar la hoja de árbol con el arroz).

Luciano: ¡Ah, cómo pones tanto ahí adentro!, ¡se volverá a romper! No se hace así, hágalo con cuidado y no lo rellene tanto.

Isabela (molesta): ¿¡Por qué entonces no me enseñaste bien desde el principio!?

Luciano: Ya vamos a terminar, solo nos falta esto. Ahora hágalo con cuidado.

Más tarde, Luciano está con una canasta en donde está la comida, esperando a Isabela. De repente ella viene, con un vestido descotado.

Luciano: ¿Piensas llevar eso para montar bicicleta?

Isabela: ¿Por qué?, ¿se ve raro?

Luciano (serio): No, muestra demasiado. Rápido, vete a poner algo más recatado y regrese.

Isabela: (sonriendo coquetamente) Hoy mostraré mi concepto sexy (trata de irse pero Luciano la detiene).

Luciano: Sea como sea, no puedes salir con eso. No se discute más.

Isabela: (acercándose a él coquetamente) Cuanto más interés tengas en detenerme, más voy a querer llevarlo (nuevamente trata de irse pero Luciano le cubre el paso).

Luciano: Entonces no hay otro modo. Lo que le dije la otra vez, ¿aún lo recuerdas? Si sigues comportándote así, entonces… yo mismo me encargaré de quitarte el vestido. ¿Ahora, qué quieres hacer?

Isabela: Bien, inténtalo si te atreves.

Luciano: Bien, entonces, te ayudaré a quitártelo.

Luciano suelta con delicadeza la canasta, dispuesto a quitarle el vestido a Isabela, pero ella se lo impide molesta.

Isabela: ¡Está bien! Iré a cambiarme yo misma, ¡suéltame, no te atrevas a tocarme!

Isabela sale de allí y Luciano ríe.

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